martes, 15 de diciembre de 2009

Fiebre en las gradas

¿Es realmente necesaria la cantidad de espacio que se dedica al deporte en los medios de comunicación? Si nos fijamos en el tiempo que suele ocupar el deporte en la actividad diaria de las personas, parece que existe una clara descompensación. Cada persona debería dedicar varias horas al día al deporte si comparamos la rutina diaria con los medios de comunicación. Y ya no de deporte, si no de fútbol.
Que el fútbol es la gran pasión de este país (y gran parte del mundo) es algo innegable. Es un deporte que se ha establecido como uno de los entretenimientos más importantes a nivel global. Los seguidores de este deporte viven de manera especialmente intensa los partidos de su equipo, aunque también se interesan por otros equipos y no sólo se por lo que le sucede al conjunto del que es fiel. Además, los auténticos hinchas sienten su equipo como algo propio. Hablan de él en primera persona del plural: “Hemos perdido”, como si el aficionado mismo fuera uno de los que juegan. El equipo de los auténticos forofos es para ellos como algo de la familia, que da alegría y decepciones sin que tú lo controles. Para los futboleros, nuestro equipo es parte de nosotros, nos identificamos con él, y, como cualquier otra cosa, forma parte de nuestra vida diaria.

En ese sentido tiene sentido que la programación de los medios dedique mucho tiempo al fútbol, porque interesa a mucha gente. Sin embargo, no deja de ser una simple afición. Cierto es que es una afición especial, que saca lo mejor y lo peor (la mayoría de la veces) de nosotros, pero no deja de ser una afición. Pero se ha establecido un círculo vicioso entre el futbol y los medios.
Una de las mayores lacras que acompañan al fútbol es la violencia que generan algunos de sus seguidores. Son energúmenos, seguramente frustrados en su vida personal, que usan ese elemento que le une al equipo como vía de escape para sus miserias. Suelen cometer actos viles y condenables que los medios reprueban con coherencia. Pero también estos mismos medios crean una polémica innecesaria sobre el fútbol, exacerbando su importancia, metiendo cizaña. Una cizaña que no busca el pique sano que debiera haber en este tipo de eventos, si no que genera auténticas discusiones.

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