El calor es asfixiante en Sevilla, las bibliotecas han quedado desiertas y media España vive con un ojo pendiente de su selección, que se puede coronar campeona del mundo; es 6 de julio de 2010. ¿Y ahora qué? Será probablemente la pregunta que más resonará en las cabezas de los menos futboleros de una nueva hornada de periodistas que abandonan la Universidad y miran al futuro con la ilusión que les imprime el título que ahora llevan bajo el brazo y la incertidumbre que la falta de experiencia y la crisis ha instalado sobre ellos. Los futboleros posiblemente se la hagan tras el Mundial.
Trabajar es la primera opción para la mayoría. Sin embargo, la escasez de empleo y las malas condiciones que se ofrecen, por lo general, a un recién licenciado, provocarán que muchos traten de fijarse otro objetivo para evitar hacer de sus hasta entonces anheladas vacaciones, las más largas de sus vidas. Quizás por este motivo, según indican las estadísticas de 2009, los másteres han notado un considerable aumento en el número de matriculaciones. Es cierto que en estas cifras, que casi duplican las del año anterior, también se incluyen aquellos que lo hacen como primer escalón hacia el doctorado e incluso los que, tras la supresión del CAP (Certificado de Adaptación Pedagógica), esperan desarrollar su carrera en la docencia. Sin embargo, el cambio de concepción en la mente de los españoles respecto al máster es evidente: ya no es ese curso elitista que elevaba sobremanera la categoría del profesional y prácticamente le garantizaba empleo. Ahora es, a priori, sólo una herramienta más hacia la especialización.
Es curioso que tras cinco años de carrera, los periodistas, como otros profesionales, salgan al mercado laboral sin ninguna especialidad, cuando parece ser que ésta es la palabra clave que buscan las empresas en cualquier currículum. Los nuevos medios la exigen. La TDT, como ya venían haciendo las plataformas digitales, abre la puerta a un sinfín de canales, muchos de ellos temáticos. Los periódicos electrónicos se multiplican y, sin ir más lejos, los blogs constituyen una nueva fuente de información, cada vez más profesionalizada, financiada por la publicidad.
Hay motivos para el optimismo por tanto. España será más culta. El nivel medio de la enseñanza superior llegará a la categoría de máster. Los medios de comunicación contarán con profesionales específicos para cada área. Todo está en orden... Bueno, si todos tienen un máster, es decir, seis años de formación, ¿qué hara el que quiera distinguirse como hacían los de los anteriores másteres? ¿Entraré al mercado laboral antes de los 30 o pasaré y pagaré de curso en curso?
Demasiadas preguntas. Quizás en otra entrada y con más tiempo me las conteste. De momento, hay una semifinal contra Argentina llamándome en la televisión.
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